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Cuando
el hombre se entiende con la naturaleza surgen unas formas de vida en
las que el paisaje no sólo se mantiene, sino que entorno y ser
humano evolucionan y se enriquecen mutuamente. Un estilo y una filosofía
de vida actualmente amenazadas, que sobreviven en el Pirineo gracias a
pequeñas poblaciones que han comprendido que el progreso conlleva
practicar la dialéctica del entendimiento.
 Esa
comprensión es el secreto del valle de Aísa.
La convivencia entre ser humano y ganadería ha sido vital para
este corredor natural de la comarca de la Jacetania; último
pasillo virgen de la cordillera pirenaica occidental. El Aspe,
los Lecherines y los picos Llena de la Garganta y Llena del Bozo
son los pétreos guardianes de unas gentes y un paraje que conserva
la belleza silenciosa, fresca y espontánea que atrajo a los pioneros
del pirineismo y que hoy, conservando ese imán, es el punto de
partida para las innumerables rutas y ascensiones que llevan a conquistar
esa frontera presidida por el imponente Aspe.
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PESCA
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CAZA
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MONTAÑISMO
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BICICLETA
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VUELO
LIBRE
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Pesca
a mosca durante la primavera y el verano.
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9.000
Hectáreas acotadas
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Montañeros
y alpinistas podrán acceder a los picos y relieves del macizo
del Aspe. Esquí de ruta o travesía, excursiones con
raquetas, etc...
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Rutas
de montaña, de carretera, etc...
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Práctica
de Ala Delta y parapente desde el pico de Las Blancas. Descensos
desde Sayerre hasta Aísa.
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Además
el Valle de Aisa ofrece la posibilidad de disfrutar paseando por
sus senderos señalizados, recolectar diversas especies de
setas y hongos y descubrir su riqueza ornitológica.
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